• Ian Paul Otero

Covid-19 y emprendedores



Al momento que escribo este artículo, existen más de 120 mil casos de covid-19 en 114 países, con una tasa de mortandad superior al 3.5 por ciento y con una tasa de contagio alarmante, multiplicándose por trece en las últimas dos semanas.


Si a ello agregamos que la situación sociopolítica en Medio Oriente y su desacuerdo comercial con Rusia ha propiciado una caída en el precio internacional de petróleo a niveles no vistos desde 1991 y que esto se da en un escenario de desaceleración económica a consecuencia de las fricciones comerciales entre Estados Unidos y China, pudiéramos estar ante una tormenta perfecta tanto para las micro y pequeñas empresas como para los emprendedores del País.


Si bien es cierto que el Gobierno debe urgentemente plantear, con ingenio y eficacia, políticas públicas que faciliten el acceso a financiamiento de las empresas más vulnerables; generar incentivos a la inversión productiva e idear esquemas para la conservación de plazas laborales; también lo es que las empresas debemos asumir la responsabilidad de lograr la sostenibilidad de nuestros negocios al margen o, además, de lo que haga el Gobierno.


Para ello, atender las recomendaciones de las autoridades (al menos de aquellas que están tomando con seriedad el tema) como implementar medidas que promuevan el cuidado de la salud de los empleados de las empresas y sus familias, el trabajo remoto, evitar eventos masivos y viajes prorrogables o no prioritarios es importante; pero, hablando de la empresa, lo que resulta imprescindible, es tener un plan de continuidad de negocios; que éste sea comunicado oportunamente con los colaboradores y prever medidas preventivas en la dinámica operativa, así como protocolos a seguir en caso de que diera una afectación mayor a la organización.


En una coyuntura como la actual, es de suma importancia mantener prudencia en el uso de los recursos financieros, manteniendo un gasto controlado y cuidando la liquidez. Estamos en una época de incertidumbre económica que impide planear y medir el impacto en el desempeño de las empresas, por lo que mantener liquidez se vuelve prioritario hasta que vuelva a existir estabilidad en las dinámicas del mercado.


Adicionalmente, sugiero darse el tiempo para revisar a detalle sus presupuestos desde una “base-cero”, considerando los efectos de posibles cancelaciones de contratos, disminución en las ventas, afectaciones en el flujo disponible y complicaciones en el acceso a financiamiento y capital. Identificar y segmentar los gastos críticos para la operación, los gastos de adquisición de clientes y crecimiento, los gastos de investigación y desarrollo (en su caso), así como las inversiones previstas; puede ayudar a tomar mejores decisiones con más tiempo de planeación. Es importante priorizar en las actividades que abonan a la rentabilidad del negocio y esperar tiempos de mayor certidumbre para las apuestas riesgosas.


Entornos volátiles generan sin duda oportunidades. En panoramas de crisis se ha dado el éxito de grandes empresas que han sabido adaptarse e innovar en los momentos críticos. Apostemos pues a estar en ese lado de la estadística y no en aquella que reflejará tasas de mortandad que, si no tomamos previsiones, pudiera ser superior en empresas que en personas.


Ian Paul Otero es Managing Partner de Redwood Ventures.

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